¿Estás instalando una cabina de pintura y no sabes si el rollo que tienes delante es un G3 o un G4? No es un detalle menor: elegir la clasificación equivocada puede colapsar tu sistema de ventilación en días o, peor, dejar pasar partículas que arruinen el acabado final. El prefiltro en rollo es la primera barrera del aire que entra a la cabina, y su eficiencia determina la vida útil de todo lo que viene después.
El problema real no es la falta de oferta, sino la falta de criterio para elegir. Muchos instaladores y responsables de taller cogen el rollo más barato o el que siempre han usado, sin plantearse si la densidad, el gramaje o el color coinciden con lo que su equipo necesita. Esta guía te da exactamente eso: criterios concretos para decidir entre G3 y G4 según tu aplicación, caudal y frecuencia de mantenimiento.
¿Qué es un rollo de prefiltro y por qué la clasificación lo cambia todo?
Un rollo de prefiltro es, en esencia, una manta filtrante suministrada en formato bobina que se instala a la entrada de un sistema de ventilación o climatización para capturar las partículas más gruesas antes de que alcancen los filtros finos. Rollos de prefiltro hay de distintas densidades y gramajes, y esa diferencia no es cosmética: determina qué partículas retiene, cuánto tiempo dura el rollo y cuánto esfuerzo exige al ventilador para mover el aire.
La clave para entender un rollo de prefiltro está en su clase. No es el fabricante quien decide si un producto es G3 o G4, sino la norma europea EN 779, que establece criterios objetivos de eficiencia mínima media y tamaño de partícula objetivo. Ignorar esa clasificación al comprar es uno de los errores más frecuentes, y también uno de los más caros a medio plazo.
¿De dónde viene la clasificación G3 y G4?
La norma EN 779 organiza los filtros de partículas en clases que van de G1 a G4 para los llamados filtros gruesos, y de F5 en adelante para los de mayor eficiencia. G3 y G4 son, por tanto, los dos escalones superiores dentro de la categoría de prefiltración básica. La diferencia entre ambos se concreta en la eficiencia media mínima frente a partículas sintéticas en las pruebas de laboratorio: G3 exige una eficiencia de al menos el 70% (medida en arrestance, que es la capacidad de retener masa de polvo sintético), mientras que G4 sube ese umbral al 90%.
Estas cifras son definiciones normativas, no estadísticas de mercado. Vienen recogidas en la propia EN 779 y están pensadas para que instaladores y responsables de mantenimiento puedan comparar productos de distintos fabricantes sobre una base común. En la práctica, G4 retiene partículas más finas y en mayor proporción, lo que se nota en el color de la manta tras unas semanas de uso.
G1 y G2 son clases obsoletas en instalaciones modernas; G3 y G4 son el estándar habitual de prefiltración.
G3 tiene una eficiencia mínima del 70% en arrestance según EN 779; G4 llega al 90%.
La norma mide la capacidad de retener polvo sintético estándar, no polvo real de obra o cabina.
Cuanto mayor es la clase, más densa es la fibra y mayor es la resistencia al paso del aire.
G4 suele tener un gramaje más alto que G3, lo que se traduce en mayor peso por metro cuadrado.
Ambas clases son prefiltros: no reemplazan a los filtros absolutos ni a los de bolsa F7 o F9.
¿Cómo afecta la eficiencia al resto del sistema de filtración?
El prefiltro no trabaja solo. Su función principal es proteger a los filtros de etapas posteriores, que son más caros y más difíciles de cambiar. Si montas un G3 donde el fabricante del equipo recomienda G4, el filtro de bolsa que va detrás recibirá una carga de partículas mucho mayor y se saturará antes de lo previsto. El resultado es un ciclo de mantenimiento más corto, más coste y más paradas.
Sucede también al revés: instalar un G4 en un sistema diseñado para G3 puede generar una caída de presión superior a la que el ventilador tolera, con la consiguiente pérdida de caudal. Por eso la clasificación no es un detalle menor que se decide en el último momento, sino el punto de partida de cualquier instalación bien dimensionada.
G3 o G4: diferencias reales sobre la mesa de trabajo
Ya sabes lo que hace la clasificación. Ahora toca la parte práctica: poner los dos rollos uno al lado del otro y ver qué los distingue de verdad.
Densidad, gramaje y color: ¿cómo reconocerlos a simple vista?
El G3 es más ligero y poroso al tacto. Su fibra sintética está menos compactada, lo que le da un aspecto abierto y, en la mayoría de fabricantes, un tono blanco o gris claro. El G4 tiene mayor gramaje por metro cuadrado, la manta resulta más densa al apretarla con la mano y su color tiende a un blanco más compacto o, en algunas referencias, a un amarillo muy pálido.
No es un criterio de compra definitivo, pero en almacén puedes distinguirlos sin etiqueta: dobla el rollo y fíjate en la resistencia de la fibra. El G4 ofrece más cuerpo. Si trabajas con rollos de prefiltro de distintos proveedores, pide siempre que el packaging indique la clase EN 779 y el gramaje concreto para evitar confusiones.
¿Cuándo el G3 es suficiente y cuándo el G4 es imprescindible?
G3: ideal para retener polvo grueso, pelusas y partículas grandes en ventilación general de naves o talleres.
G3: buen primer escalón cuando hay un filtro de mayor eficiencia aguas abajo que hará el trabajo fino.
G4: necesario cuando el aire arrastra partículas más finas o cuando no hay filtro secundario en el circuito.
G4: obligatorio en aplicaciones donde la normativa exige una eficiencia de filtración mínima más exigente.
G4: recomendable en entornos con alta concentración de polvo fino, como lijado de madera o mezcla de pigmentos.
Impacto en la caída de presión y el caudal de la cabina
La densidad que hace al G4 más eficiente tiene un precio: opone más resistencia al paso del aire. Entender ese equilibrio es lo que separa una instalación bien dimensionada de una que fuerza el motor o se satura antes de tiempo.
G3 y resistencia al flujo
Al ser más poroso, el G3 genera una caída de presión inicial baja. Eso prolonga los intervalos de cambio y reduce la carga sobre el ventilador, aunque su menor retención significa que parte de la suciedad llega al filtro siguiente o a la cabina.
G4 y equilibrio entre eficiencia y presión
El G4 retiene más partículas pero se colmata antes si la carga de polvo es alta. El caudal cae con más rapidez cuando la manta se satura, así que el intervalo de sustitución debe ser más corto. En instalaciones críticas, muchos técnicos combinan G3 como prefiltro previo al G4 para alargar la vida útil del conjunto.
Si quieres comparar opciones concretas para tu instalación, la gama completa de rollos de prefiltro disponible en Filtros Anai incluye especificaciones de gramaje y clase para que no tengas que adivinar nada.
Prefiltro en rollo para cabina de pintura: exigencias específicas del sector
Una cabina de pintura no es un entorno de filtración genérico. El aire que entra arrastra polvo industrial, partículas de lija y contaminantes que, si llegan a la zona de aplicación, arruinan el acabado. Por eso los rollos de prefiltro que se usan aquí deben cumplir unos criterios más estrictos que en cualquier otro proceso de ventilación.
La normativa de cabinas de pintura (referenciada en la norma UNE-EN 13355 para cabinas de pulverización) exige una cadena de filtración en dos etapas al menos: un prefiltro de entrada que proteja los filtros absolutos de techo, y un prefiltro de techo que garantice la uniformidad del flujo laminar sobre la pieza. Cada posición tiene exigencias distintas.
Prefiltro de techo vs. prefiltro de entrada: ¿mismo rollo para todo?
No. El prefiltro de entrada trabaja en condiciones más agresivas: recibe el aire exterior con toda la carga de partículas gruesas, suciedad de ambiente de taller y, en muchos casos, humedad. Aquí un G3 cumple bien su función de proteger la etapa siguiente sin penalizar en exceso la caída de presión. El prefiltro de techo, en cambio, está al final del camino del aire y su misión es distribuir el flujo de forma homogénea sobre la carrocería o la pieza; una retención insuficiente mancha el acabado y obliga a repasar. En esa posición se recomienda G4 como mínimo.
El gramaje también importa. Una manta demasiado ligera para techo se deforma con la presión estática y crea zonas de paso preferente. La rigidez estructural de la fibra, y no solo la clasificación de filtración, es un criterio que muchos pintores pasan por alto hasta que ven rayas en el primer acabado.
G3 en entrada: retiene partículas gruesas y protege los filtros absolutos sin disparar la presión estática.
G4 en techo: garantiza un flujo laminar uniforme y evita que micropartículas lleguen a la superficie pintada.
El gramaje de la manta debe ser suficiente para mantener la forma bajo presión continua de trabajo.
La resistencia a la humedad es clave en entrada, donde el aire exterior puede llevar condensación.
Cambia el prefiltro de techo con mayor frecuencia que el de entrada: la acumulación de overspray lo satura antes.
Errores frecuentes al elegir la manta prefiltro en cabinas de pintura
El error más habitual es comprar por precio sin verificar la clasificación. Un rollo sin marcado de clase G o con una G3 instalada en techo parece un ahorro hasta que aparecen defectos de acabado en serie. El coste de un repintado multiplica con creces el ahorro en el material de filtración.
Otro fallo recurrente es ignorar las dimensiones exactas del bastidor. Una manta cortada con holgura excesiva forma pliegues que concentran el flujo en zonas concretas, y una manta corta deja juntas sin cubrir. Antes de cortar el rollo, mide el bastidor con la manta instalada y suma la tolerancia de sujeción que indique el fabricante de la cabina.
Usar G3 donde la cabina exige G4 es la causa más frecuente de manchas y partículas atrapadas en el acabado.
Comprar sin pedir la ficha técnica del rollo impide verificar gramaje, clase y composición de la fibra.
No respetar el intervalo de cambio (definido por horas de trabajo o caída de presión medida) degrada la eficiencia.
Reutilizar manta saturada de overspray invierte el problema: las partículas adheridas se sueltan al flujo de aire.
Prefiltro en rollo a medida: corte, formato y lo que debes pedir al proveedor
Pedir mal un rollo es uno de los errores más frecuentes y más caros del proceso. Llega el material, no encaja, y pierdes tiempo que no tienes. Para evitarlo, hay que saber qué datos dar y en qué formato pedirlos.
Medidas habituales y ¿cómo calcular la cantidad necesaria?
Los rollos de prefiltro se suministran habitualmente en anchos de 500, 1000 y 2000 mm, aunque muchos proveedores ofrecen cortes intermedios con tolerancias de más o menos 10 mm. El largo estándar oscila entre 20 y 50 metros por rollo, y el espesor más común para prefiltración es de 20 a 25 mm en G3, y de 25 a 50 mm en G4.
Para calcular la cantidad, mide la sección de paso de aire (ancho por alto) y suma un margen de solapamiento o fijación de al menos 30 mm por lado. Si cubres varias unidades o una cabina de cierta longitud, multiplica linealmente y redondea siempre al metro de más. Quedarte corto obliga a empalmes que comprometen el sellado.
¿Qué especificaciones técnicas exigir en el pedido?
Cuando contactes con el proveedor, no basta con decir ‘quiero un G4 de un metro de ancho’. La información mínima que debes facilitar es el ancho de corte, el largo total, el espesor, la clase de filtración (G3 o G4 según EN 779 o su equivalente actualizada EN ISO 16890 si aplica) y el tipo de soporte: con malla rígida, sin malla o con adhesivo en los bordes.
Hay un detalle que se pasa por alto con frecuencia: el sentido de enrollado. Si tu instalación exige desenrollar de izquierda a derecha, indícalo. Un rollo invertido parece un problema menor hasta que intentas ajustarlo en el bastidor y descubres que la malla queda al lado equivocado. Ese tipo de concreción es lo que separa un pedido que llega listo para instalar de uno que genera media hora de ajustes en obra.
Ancho de corte en mm y tolerancia aceptada (habitualmente ±10 mm).
Largo total del rollo en metros lineales.
Espesor de la manta en mm, según clase G3 o G4.
Tipo de soporte: malla rígida, sin malla o con refuerzo perimetral.
Clase de filtración referenciada a norma (EN 779 o EN ISO 16890).
Sentido de enrollado y lado de la malla si es relevante para tu instalación.
Tu próximo rollo de prefiltro, sin margen de error
A estas alturas ya sabes distinguir un G3 de un G4, conoces qué pedir cuando necesitas corte a medida y tienes claro qué exige una cabina de pintura. Lo que queda es traducir todo eso en un pedido concreto sin que nada se pierda por el camino.
Antes de hacer clic en ‘añadir al carrito’, repasa los puntos de abajo. Son los mismos que cualquier técnico con experiencia verificaría en treinta segundos. Si los tienes todos respondidos, el pedido sale bien a la primera.
Checklist de decisión antes de hacer el pedido
Una vez marcados estos puntos, tienes todo lo que necesita el proveedor para servirte el material correcto. Los rollos de prefiltro de Filtros Anai están organizados por clase y aplicación, así que encontrarás la referencia adecuada sin tener que interpretar catálogos técnicos densos. Puedes consultar la gama completa directamente en su catálogo de rollos y mantas de filtración y, si tienes alguna duda sobre densidad o formato, el equipo técnico responde antes de que finalices el pedido.
¿Tu instalación es una cabina de pintura o ventilación general? Esa sola pregunta ya determina si necesitas G4 o G3.
Anota las dimensiones exactas del bastidor o canal: ancho, largo y grosor del rollo. Sin esos datos, cualquier pedido es una apuesta.
Decide si necesitas corte a medida o te basta el rollo completo para ajustarlo en taller. Afecta al precio y al plazo.
Comprueba la caída de presión que admite tu instalación: un G4 más denso puede exigir más potencia al ventilador.
Ten a mano el caudal de aire y la superficie filtrante. El proveedor los necesita para ajustar la densidad correcta.
Si cambias filtros con frecuencia, pregunta por el suministro en rollo largo: suele salir más económico que en paneles sueltos.


